lunes, 11 de junio de 2012

Capitulo 3

Aún era de noche. La luna iluminaba las copas de los árboles que se encontraban a mis pies. Era un bonito paisaje,  pero en ese momento no me podía fijar en él. Estaba muy nervioso, el mensaje tardaba en llegar. Desde hacía un cuarto de hora mantenía una conversación con  mi novia mediante mensajes de móvil. Un sonido imitando al timbre de una puerta anunciaba el tan esperado mensaje. Cogí corriendo el teléfono y abrí el mensaje, terminé de leerlo pero lo tuve que volver a hacer, decía así: Mario, lo siento, pero no puedo seguir así. Estamos muy lejos el uno del otro, al final la distancia ha vencido...ya no te quiero. No quiero que sigamos juntos, hasta siempre.
Lo terminé de leer y miré hacia el horizonte. Una lágrima resbaló sobre mi mejilla, pero rápidamente me la sequé. No era bueno llorar por un amor tan falso. Desde ese momento me prometí dos cosas, la primera fue no volver a llorar por amor y la segunda...no volver a enamorarme. No sería muy difícil, solo tendría que ignorar a todas las chicas a las que se les notaran las intenciones desde lejos. Dentro de unos minutos amanecería, tenía que regresar. Me levanté, miré de nuevo el móvil y lo apagué, era la mejor forma de reprimir mis deseos de llamarla para que me diera una nueva oportunidad. Después de diez minutos estaba entrando por la puerta del establo cuando escuché a alguien dentro de la cuadra de Veloz, era Eduardo. Mi hermano siempre estaba en el campo mirando flores o animales; para su edad era una actividad rara, debería estar jugando con un balón. Pero me daba igual, así era genial y muy maduro, aunque aun así todavía era un niño. Me acerqué a la cuadra y hablé con él, pero como siempre me respondió secamente. Un nuevo día había comenzado, tenía que olvidar el pasado. Me dirigí a la habitación de Lidia, mi hermana. Llamé a la puerta y tras esperar una respuesta no obtenida entré. Allí estaba ella, tirada en la cama dormida profundamente, tenía una capacidad impresionante para dormir, una vez que se dormía era muy difícil despertarla. Abrí las contraventanas y dejé entrar la luz. Nada, ni con la luz se despertaba. Me senté a su lado y la agité suavemente por los hombros.
-       Lidia, vamos a desayunar.
-       Un ratito más...
-       No, hoy toca ayudar a mamá con la recogida de los tomates.
-       Que te ayude Eduardo, yo necesito dormir...
-       Como quieras, pero te quedas sin venir mañana al cine.
Estaba saliendo por la puerta cuando por el rabillo del ojo vi como se levantaba, yo siempre que decía que se parecía a un perro: solo hacía las cosas si tenían una recompensa. Aunque la verdad es que no hace mucho, tan solo tres años atrás, la edad rebelde hacía acto de presencia también en mi. Bajé las escaleras, desayuné un par de tostadas y me marche al huerto; mamá ya estaba allí. Desde que papá murió trabajaba en los campos hasta el atardecer. La granja junto con mi familia se mantenía gracias a los productos que vendíamos a los comerciantes del pueblo.
Llegó la noche y Eduardo nos contó lo que había hecho durante el día. Había conocido a una chica del pueblo y quería invitarla a comer. A mamá no le pareció una mala idea y le dio permiso. ¿Quién sería aquella chica? Tampoco me iba a preocupar mucho, mañana la conocería, seguro que era una niña de la edad de Eduardo.

viernes, 8 de junio de 2012

capitulo 2

Aquella mañana me levanté con ganas de pasar un buen rato, y la mejor manera era salir de paseo con Veloz, mi caballo. Bajé a la cocina, cogí una manzana del cesto y me dirigí hacia el establo. Estaba poniendo la silla a Veloz cuando mi hermano me sobresaltó:

-       Buenos días, Eduardo. ¿A dónde vas tan temprano? Aun no ha salido el sol.
-       Voy a dar una vuelta, pero tranquilo que estaré de vuelta para hacer mis tareas, si es eso lo que te preocupa.
-       No te hagas el adulto y ten cuidado, solo te lo preguntaba para que mamá no se preocupe. Yo voy a levantar a Lidia. Hasta luego.
Me subí al caballo y salí del establo sin despedirme de Mario. Mario era mi hermano mayor, y siempre me estaba controlando. Era como si no se diera cuenta de que ya no era un niño; todos los de mi familia decían que había madurado antes que Mario cuando tenía mi edad. Las preocupaciones de Mario eran jugar al fútbol como nadie y tener la mayor colección de cromos del mundo, a mi en cambio me preocupaba más el estado económico de la granja y sobre todo la naturaleza. Me encantaba la naturaleza, era una suerte estar rodeado de bosque. Siempre que podía me escapaba un rato para observar a los pájaros o para recoger flores y trasplantarlas en mis macetas. Era muy raro, pero me gustaba ser así.
Iba a ser un día caluroso, así que decidí irme por la senda del lago para poder refrescarme cuando tuviera calor. Estaba llegando al lago cuando a lo lejos divisé una figura andando por la orilla del lago, era una chica; me acerqué un poco más y comprobé que era una chica más mayor que yo y....que era guapísima. Su cabello castaño estaba recogido en una coleta que le caía sobre la espalda, los ojos grandes, no era muy alta pero tenía un cuerpo muy bonito, casi tanto como el de Lidia, mi hermana. Me decidí a presentarme pero no calculé bien la distancia con el caballo y Veloz le comenzó a olisquear el pelo. De repente ella se giró y se asustó mucho, o eso dio a entender su grito y su caída de culo a la arena. Fue una situación tan estúpida que no podía parar de reírme. Le pedí disculpas pero ella estaba furiosa y se metió conmigo, pero las palabras carecían de sentido para mi. Solo era capaz de observar esos bonitos labios rosados y....esos ojos azul-verdoso, grandes y expresivos. Fueron 20 minutos de la mejor conversación de mi vida.
Las horas se convirtieron en minutos, y así calló la tarde. A la hora de la cena me decidí a pedirle a mi madre permiso para que al día  siguiente Carol viniera a comer a casa. Me dirigí a mi madre y le dije:
-       Hola mamá, ¿qué tal has tenido el día hoy? - mi madre me miró con cara de susto - ¿qué pasa, no me puedo preocupar por ti?
-       Si hijo, pero me extraña. Tanto tú como tus hermanos cuando hacéis esto es por que algo queréis.
-       ¡Qué va mamá! Bueno....vale si. Te quería pedir permiso para que mañana se venga una chica del pueblo que he conocido a comer aquí. Así conoce a la familia y nos ayuda con la incorporación al instituto – le expliqué con una sonrisa.
-       Bueno, no me parece mala idea, pero ¿dónde la has conocido?
-       Hoy estaba dando un paseo y ella estaba en el lago. Nos hemos conocido y le he ofrecido el plan, ella también iba a pedir permiso...Creo tiene la edad de Lidia y se llama Carolina.