Aquella mañana me levanté con ganas de pasar un buen rato, y la mejor manera era salir de paseo con Veloz, mi caballo. Bajé a la cocina, cogí una manzana del cesto y me dirigí hacia el establo. Estaba poniendo la silla a Veloz cuando mi hermano me sobresaltó:
- Buenos días, Eduardo. ¿A dónde vas tan temprano? Aun no ha salido el sol.
- Voy a dar una vuelta, pero tranquilo que estaré de vuelta para hacer mis tareas, si es eso lo que te preocupa.
- No te hagas el adulto y ten cuidado, solo te lo preguntaba para que mamá no se preocupe. Yo voy a levantar a Lidia. Hasta luego.
Me subí al caballo y salí del establo sin despedirme de Mario. Mario era mi hermano mayor, y siempre me estaba controlando. Era como si no se diera cuenta de que ya no era un niño; todos los de mi familia decían que había madurado antes que Mario cuando tenía mi edad. Las preocupaciones de Mario eran jugar al fútbol como nadie y tener la mayor colección de cromos del mundo, a mi en cambio me preocupaba más el estado económico de la granja y sobre todo la naturaleza. Me encantaba la naturaleza, era una suerte estar rodeado de bosque. Siempre que podía me escapaba un rato para observar a los pájaros o para recoger flores y trasplantarlas en mis macetas. Era muy raro, pero me gustaba ser así.
Iba a ser un día caluroso, así que decidí irme por la senda del lago para poder refrescarme cuando tuviera calor. Estaba llegando al lago cuando a lo lejos divisé una figura andando por la orilla del lago, era una chica; me acerqué un poco más y comprobé que era una chica más mayor que yo y....que era guapísima. Su cabello castaño estaba recogido en una coleta que le caía sobre la espalda, los ojos grandes, no era muy alta pero tenía un cuerpo muy bonito, casi tanto como el de Lidia, mi hermana. Me decidí a presentarme pero no calculé bien la distancia con el caballo y Veloz le comenzó a olisquear el pelo. De repente ella se giró y se asustó mucho, o eso dio a entender su grito y su caída de culo a la arena. Fue una situación tan estúpida que no podía parar de reírme. Le pedí disculpas pero ella estaba furiosa y se metió conmigo, pero las palabras carecían de sentido para mi. Solo era capaz de observar esos bonitos labios rosados y....esos ojos azul-verdoso, grandes y expresivos. Fueron 20 minutos de la mejor conversación de mi vida.
Las horas se convirtieron en minutos, y así calló la tarde. A la hora de la cena me decidí a pedirle a mi madre permiso para que al día siguiente Carol viniera a comer a casa. Me dirigí a mi madre y le dije:
- Hola mamá, ¿qué tal has tenido el día hoy? - mi madre me miró con cara de susto - ¿qué pasa, no me puedo preocupar por ti?
- Si hijo, pero me extraña. Tanto tú como tus hermanos cuando hacéis esto es por que algo queréis.
- ¡Qué va mamá! Bueno....vale si. Te quería pedir permiso para que mañana se venga una chica del pueblo que he conocido a comer aquí. Así conoce a la familia y nos ayuda con la incorporación al instituto – le expliqué con una sonrisa.
- Bueno, no me parece mala idea, pero ¿dónde la has conocido?
- Hoy estaba dando un paseo y ella estaba en el lago. Nos hemos conocido y le he ofrecido el plan, ella también iba a pedir permiso...Creo tiene la edad de Lidia y se llama Carolina.
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